18 diciembre 2008

Spot noviembre 2008: Somos Extremadura

El mejor spot turístico que se ha visto durante el mes de noviembre es: Somos Extremadura.

Escritores, actores, actrices, cantantes, deportistas, presentadores/as se entremezclan con imágenes, algunas de paisajes y otras de detalles, mientras hablan... mejor dicho... recitan, una oda prosaica hacia lo que para ellos ha sido y es Extremadura. Cierto es que en algún momento parece que te digan... Ei! que estamos aquí también! Y es que no estamos hablando de una región turística por excelencia, pero de repente han aparecido y con ganas.

De innovador no tiene nada, pero si mucho sentimiento. Podrás pensar que gente conocida hablando de su tierra ya está visto y quizás así sea. Yo te invito a que lo veas un par de veces. Y después, cierra los ojos y escúchalo. Tienen agradables voces y el guión tiene mucho contenido. Es un muy buen spot publicitario dentro del marco de la promoción turística.

A mi me han entrado ganas de ir!



No quería despedirme sin hacer una mención especial a un spot que circula por la red y que he localizado gracias al post de Ismael Herrerías.

Se trata de un spot realmente innovador, donde se mezclan la realidad y la ficción, para al final decir lo que todos pretenden decir: ven a mi casa que es genial! Como siempre, para gustos están los colores, pero me gustaría saber que piensas tu!



Esta es la clase de comunicación en la promoción turística que comparto plenamente. Despierta la curiosidad y los sentidos.

10 diciembre 2008

Belem - Aventura en el Amazonas

Este es mi post número 100.

Pocas cosas me podrían hacer más ilusión que escribir mi primer post fuera de mi casa y que este sea importante, básicamente, por dos motivos:

1- Mi trayectoria profesional me ha llevado al mismo lugar donde comencé, al mismo tiempo que el proyecto empezaba. Ahora ya con forma, color y personalidad propia, nos hemos encontrado en el camino de nuevo.

2- Este camino, de forma rápida y casi sin comerlo ni beberlo, me ha llevado a Belem, en la desembocadura del rio Amazonas, al norte de Brasil. Y nada podría hacerme más feliz que escribir este post desde aquí.

Después de un cambio de habitación por problemas con el aire acondicionado, ya puedo contar la historia de la Aventura en el Amazonas...

Belem es una ciudad enorme, tiene máas de 1 millón y medio de habitantes y más de 2 millones con su área metropolitana. Belem tiene un aire familiar a Manaus, a veces parecen un barrio una de la otra, aunque Belem la supera en muchos aspectos: limpieza y atractivos. Mientras que Manaus está basicamente habitada por indígneas o descendientes directos de estos, Belem hay mucha más diversidad.

Tengo la necesidad de comparar estas dos ciudades porque de alguna manera hay cierta competitividad a nivel turistico. Mientras que una se lleva la gloria y el reconociemiento, la otra parece atrae a los que ya han viajado allí, como para "completar" su aventura amazónica. Nada más lejos de lo que debería ser.

No sé si lo he comentado en otros posts o no, pero Brasil da para más de un viaje. No es exclusivo de este país, pero es que es de los lugares en los que más exageradamente percibo esta sensación.

Volviendo a Belem. No menos curioso resulta su skyline como del mismo Chicago o Nueva York, pues son enormes las diferencias entre los tamaños de las casitas coloniales y los espectaculares rascacielos del centro de la ciudad. Seguro que ninguno supera los 30 pisos, pero parecen tal cual el Empire State, si tenemos en cuenta los edificios circundantes.

Desde Belem se accede a varias zonas de interés para vivir algunas experiencias relacionadas con el río, siempre eje principal de todo cuanto se mueve aquí, como las playas cercanas o la isla de Marajó.

En este caso mi aventura me llevó a adentrarme en la denominada Zona das Ilhas (Zona de las Islas) que se encuentran cerca de Belem para realizar un recorrido de 16 km en kayak. Acompañado siempre de profesionales en este tipo de actividades, empezamos a las 8,45 a jugar con las mareas para recorrer el mayor espacio con el menor esfuerzo posible. Cometí algún error en la preparación de la actividaad y eso me llevó a llevar los antebrazos al descubierto. Situados solo un grado por debajo del ecuador, el Sol no perdona y sus efectos aun tardarán en desaparecer de mi piel. El camino nos llevó por zonas de manglares, por bancos de arena donde descansaban garzas, por comunidades indígenas, cerca de barcos de pescadores, por amplios brazos de río que se hacía eterno cruzar o tan estrechos que apenas cabian los remos.

La parada de la comida fué espectacular. Salir del kayak suponía hundir los pies en el barro hasta más arriba de la rodilla y mis pantalones iban cargados de cosas "inútiles" para el día, però imprescindibles y necesariamente secas para poder seguir con mi vida normalmente al finalizar la jornada. Conseguimos subir hasta un pequeño terraplen donde, redeados de cangrejos de río, iniciamos el pic-nic. Cuando uno de los guías sacó un zumo de naranja fresquito en un termo, casi me cae una lágrima de la emoción al primer sorbo. Me supo a gloria.

La siguiente parada después de comer fué para realizar una caminata de unos 45 minutos por la floresta de una de las islas. Desembrarcando en mejores condiciones, puesto que una comunidad indígena tenía allí su punto de salida al río, caminamos en chanclas por la selva mientras ibamos probando frutas que vimos por el camino: cajú, bacurí, mango y algunas otras que me resulta imposible recordar el nombre, no así su sabor, que simpre recordaré. Ya he realizado alguna caminata de este tipo y cabe comentar que es realmente duro. A más de 30º y con una humedad de más del 90% en la floresta se intensifica la sensación de calor y 45 minutos se hacen largos.

Parece mentira que lo pasara tan bien con el panorama que pinto verdad? Es un claro caso de esos en que las maravillas que contemplas y desde una nueva forma de vivirlas se perciben con un encanto mayor y los esfuerzos que conlleva la realización de la actividad se ven sumamente recompensados por la satisfacción, el logro personal y el resultado de una valoración de todo lo visto, oido, saboreado, olido y tocado.


Al final de la caminata, esperaba el mejor momento del día. Un baño en el río Amazonas en el mismo espacio de la comunidad indígena. Los niños de la comunidad, corrieron a compartir con nosotros este rato. Curiosos y tímidos, jugaron un poco con su canoa y nuestros kayak. Siempre suelo despertar curiosidad: más calvo que la gente de mi edad, además con la cabeza rapada y más blanco que la leche, se me quedan mirando como si fuera un extraterrestre. A lo mejor, un poco lo soy, por lo menos para ellos. Pero al final, acabamos siendo amigos y simpre se llevan un recuerdo de mi visita. Este momento fué un momento de paz y tranquilidad, de esos que deberían repetirse una vez al día para tener siempre la mente lista para cualquier reto. Pero donde encuentras a tu alrededor un lugar tan puro como este? hace falta viajar más de 8000 km para estar bien contigo mismo? Quizás no, pero esa sensación solo se me despierta cuando estoy rodeado de cosas nuevas y diferentes.

En realidad, este día fue solo el principio.

Dormí como un bebé, para levantarme de nuevo a las 4.00 de la mañana y tomar un taxi, un ferry, un bus, una lancha rápida y un caballo para llegar sobre las 11.30 de la misma mañana a un fazenda (hacienda) en Marajó.

Marajó es una isla de más de 50.000 km2 (una décima parte de la magnitud de España). Es un espacio natural donde algunas familias poseen las denominadas fazendas y viven principalmente de su ganado: búfalo, buey, vaca, caballo, gallina, pollo, oveja, pavo y un largo etcétera. Algunas se han adaptado para la recepción de aventureros que desean compartir y conocer la forma de vida de un fazendero. Esta viene a ser parecida a la de los vaqueros de toda la vida. Mover el ganado de un pasto al otro, aprovecharse de los recursos naturales que le rodean y vivir en armonía con su entorno.

Aquí, debido a su hubicación, se encuentran centenares de especies de aves que o bien moran en la isla, o solamente están de paso, macacos de varias especies (yo vi 3 diferentes), serpientes, jacarés (caimanes), pirañas, zorros de lo más raro, una especie de oso hormiguero, capivaras, iguanas... en fin, que podría estar todo el día nombrando animales conocidos y algunos que jamás había visto antes ni en los libros.

Todo esto, hace que la estancia en una hacienda sea de lo más especial: el silencio no existe, siempre la increible concentración de fauna te recuerda donde estás. Los paisajes, aun en la estación seca, son increiblemente verdes. Las actividades, son de los más relajado, pero a la vez totalmente activas. Paseos a caballo, pesca de pirañas (que luego son el segundo plato de la cena), caminatas por trillas en el interior de la floresta para observar todos los animales que comenté, talleres de tatuajes de los antiguos habitantes marajoaras que se realizan con pintura vegetal quee permanece en nuestra piel unos 10 días antes de borrarse y que en cualquiera de nuestras actividades anteriores, hemos aprendido de donde viene y hemoss recojido para usar en el taller, o simplemente disfrutar del agradable viento constante de la zona y de los habitantes de la misma fazenda. Loros, papagayos y macacos.

Los fazendeiros, tienen a los vaqueros que son los funcionarios (empleados) que cuidan y conocen del ganado. Les ponen nombre a más de 200 caballos y a un centenar de búfalas y los recuerdan sin dudar. Además son los que tienen esa habilidad de avistar un perezoso del mismo color de la rama a más de 50 metros de distancia. Estos vaqueros te acompañan en todas las actividades y cuidan de ti y de los animales. Transmiten seguridad, ya no solo por como se mueven, como se entienden y como conocen el lugar (muchas veces mayor de 1200 hectáreas que ya es una fazenda media, no de las más grandes).


Hay unas cuantas curiosidades que quiero recordar aquí y más experiencias vividas en la Fazenda, pero creo que para hoy ya está bien.

Sigo pronto...

Si quieres vivir una experiencia similar en el Amazonas, solicita a tu agencia de viajes que se ponga en contacto conmigo.