19 agosto 2008

Escapada a Brasil. Viaje a Sao Luis de Maranhao y el PN de los Lençois Maranhenses

Ya era hora que os explicara mi viaje a Brasil:

Introducción

Entre el 13 y el 19 de abril fuí invitado por la Secretaría de Turismo del Estado de Maranhao, junto con 5 agentes de viajes, un fotógrafo y una periodista, a conocer la ciudad de Sao Luis y el PN de los Lençois Maranhenses.


Foto tomada por Félix Lorenzo. Ese soy yo.

Itinerario

El itinerario se componía de tres noches en Sao Luis y 2 noches en Barreirinhas con una agenda repleta de actividades, comidas, presentaciones y visitas a hoteles. Durante toda la estancia acompañados por el chofer más eficiente y sufrido que he conocido jamás y por Juan, un argentino que guía de forma familiar y amigable a los españoles que visitan la zona. De hecho es el primer argentino que he visto aplaudido por brasileños, así que imaginen su nivel de integración.

Los vuelos seleccionados de ida y vuelta, creo que no podían haber sido peores. Para llegar a Sao Luis, no es una broma los saltos que tienes que hacer, pero la selecciónde vuelos que hicieron para el grupo, en tiempo de viaje, contando escalas y horas de vuelo, podíamos haber llegado tranquilamente a Nueva Zelanda o Sri Lanka. Para que tengais claro: Barcelona-Madrid-SaoPaulo-Brasilia-SaoLuis... y no con pocas horas entre vuelo y vuelo. Para la vuelta, la escala en Sao Paulo, nada más y nada menos que 12 exactas horas, lo que nos permitió conocer un poco Sao Paulo.

Sao Luis

Nada más llegar a Sao Luis, nos instalamos en el Gran Hotel Sao Luis, muy bien situado pero con el peor servicio que me he encontrado jamás y miren que para mi mismo, el nivel de exigencia es mínimo (supongo que cansado de exigir día a día). Pero es que lo que vi allí, solo se puede reproducir en la ficción.

nota: he comentado ya todos los detalles negativos, a partir de aquí, empieza el vaje...

Desde que me invitaron, soñaba con tomarme una caipirinha en un bar olvidado de alguna calle solitaria de un diminuto bar del enorme Brasil. El fotógrafo quiso acompañarme, pero no se atrevió con la famosa bebida local. Pidió una cerveza y se llevó un buen susto. En la mayoría de los bares de Brasil sirven cervezas de 60 cl. Se vió en un apuro, puesto que insistí en que no iba ni a probarla, aunque finalmente la bebió casi entera, yo diría que casi sin darse cuenta. Aunque sé que la cerveza brasileña es suave y siempre bien fría (tipo Budweiser), mi sueño, era mi sueño y quería cumplirlo


El día 14 era el día de inicio del viaje o mejor dicho, del VIAJE. Si en tiempo pasado me hubieran preguntado que lugar quería conocer de Brasil de todos los que me faltan, hubiera elegido Maranhao sin dudarlo ni un segundo. Así que superada ya la traumática ida, me levanté a las 5 de la mañana para salir a pasear. El encuentro para iniciar las visitas con el guía estaba previsto a las 09.30, pero quería comprarme un bañador y conocer la ciudad solo, ya que me transmitía sensación de seguridad, quizás falsa, pero me sentía bien. Con un mapa o más bien dicho, el croquis que venía con la documentación del viaje, encontré el mercado. Algunas paradas estaban abriendo alrededor de las 6,10 de la mañana. Una señora servía desayunos caseros en un improvisado chiringuito que había montado a puertas del mercado y tomé algo de lo que vendía con ella, no me miraba a la cara, respondía de forma monosilábica a las preguntas y comentarios sobre el desayuno servido y sentía desconfianza hacia mi. En ese momento una mujer de facciones muy bellas, pero algo desdibujadas empezó a contarme su vida. Esa mujer, me metió de lleno en su pais, sin darme ni cuenta, empecé a hablar en un lamentable portuñol del que me siento muy orgulloso, la invité a un cigarrillo y a un café mientras contaba historias, una detrás de otra, inverosímiles y justo antes de llegar al límite de mi paciencia, mientras la vendedora de desayunos y los primeros tenderos del mercado me hacian señales circulares con su dedo índice alrededor de su propia sien, indicándome que aquella mujer estaba loca, vió a algún conocido que le llamó la atención y se despidió dándome un beso en la mano, como si fuera un obispo. Como se cachondeaban de mi los que había por allí. Fuera de sentir ridículo, supongo que entendí que en parte, ese es mi papel, soy un turista, por mucho que me guste sentirme integrado en el lugar que visito: soy lo que soy.

Callejeé todo lo que pude y más, fotografié cada calle y cada edificio que me gustó, de tal forma que me dieron las 9 de la mañana y a "veintymuchos" grados y una humedad exagerada y sudando, me vi a una hora de camino del hotel. No había elección y tomé una moto taxi, que por 5 reales (2 euros) me llevó al hotel con tiempo de desayunar mucha fruta y tomar una ducha rápida. Al principio tuve un poco de miedo ya que el motorista me llevó en dirección contraria y pensé que ya estaba metido en un buen lío, pero rápidamente le pregunte que donde me estaba llevando y a gritos, debido al ruido y los cascos, mucho más que por enfado, comentó que pensaba que mi hotel era otro... menos mal.


Empezamos el city tour que no fué más que la repetición de lo que andé en las horas anteriores, pero con las explicaciones de Juan sobre muchos detalles históricos y actuales sobre la ciudad y algunos lugares que estaban escondidos a mi vista en mi excursión matutina, completaron un magnífico día para conocer Sao Luis y algunos puntos de pescadores y artesanos de sus cercanías. Por la tarde, ya terminando, en Raposa había un partido de fútbol en la playa. Las porterías piedras, pero arbitro y jugadore con inmaculado uniforme. También había público. Mientras hacía fotos al movimiento de algunas jugadas, un chico de unos veinte años dejó a un grupo de unos 8 chicos más y se me acerco, con un hedor a cachaça espectacular, me explicó que era alemán y me reí de él, bromeando, diciendole que parecía de todo menos alemán. Todo el grupo se rió, pero haciéndose el ofendido me enseñó tatuajes donde constaba escrito su apellido familiar, algún otro chico me gritó también desde su posición que ellos eran familia, sus primos y que el padre del chico era alemán. Les pregunté o sin preguntarles no recuerdo, pero me explicaron que ellos eran "cachaceiros" y entusiasmado comenté si eran productores de cachaça, ingenuo de mi... Rieron a cacajadas mientras el más sereno me contaba que el cachaceiro es el bebedor de cachaça. Así iban el grupo de amigos. Para verlos!


Alguien del grupo de viajeros me preguntó "por que la gente te para y te pregunta o te habla". Lo cierto es que es algo que me cuestiono también. Son cosas que me pasan y no puedo explicarlo pero hay una cosa que es cierta: miro a las personas a los ojos y las saludo con respeto cuando me observan con curiosidad. Quizás eso les parezca que soy receptivo y solo pretenden saber algo más de mi y sobre que hago allí.

Si Sao Luis quedó perdida en un momento de un pasado que no cuesta nada de imaginar como glorioso y rico, lo que nos esperaba aun queda más lejos en el tiempo, pero sin esa gloria ni esa riqueza.

Barrerinhas y Lençois

Barreirinhas es una ciudad/pueblo con apenas asfalto, el color de la tierra es rojizo y jamás pensarías que es la puerta de entrada a una de las maravillas naturales digna de formar parte de todos los libros de viajes.


Barreirinhas es la puerta de entrada al Parque Nacional de los Lençois Maranhenses.

Los Lençois es un desierto de dunas, algunas de las cuales superan los 40 metros de altura y que por el tipo de suelo freático es capaz de retener el agua dulce que propician los 6 meses de época húmeda del año. Esta explicación tan sencilla se convierte en un espectáculo para la vista y los sentidos. Dunas molticolores por la acción del sol y las sombras que mueren, por muy empinadas que sean, en las lagunas. Piscinas de agua dulce, miles, de colores azul, turquesa, verde, beige o ámbar. Un cielo azul y nubes densas y blancas en un contraste que destila pureza. 30 grados. Brisa constante. Bañarse y compartir esas aguas tibias con pececitos del tamaño del dedo meñique es un placer reservado a cualquier viajero. En la duna de entrada hay una bandera roja, es muy fácil perderse por la inmensidad del lugar. En las dunas puedes estar solo si lo deseas puedes escoger una laguna para ti y compartirla con quien tu quieras y estar el tiempo que desees, hasta la puesta de sol. Ese momento no se compara a ningún otro, estás en un lugar unico, un lugar que no existe en ningún otro sitio y esa sensación te transmite ese inmenso desierto de arena y agua


Las actividades que realizamos desde Barreirnhas fueron de lo más activo, 4x4 por playas y desiertos, 40 kilómetros en lancha por el río Preguiças (perezoso en Portugués), compartir una coco con un macaco de lo más divertido, incluso sobrevolamos el parque con una avioneta de 5 plazas desde donde realmente pudimos apreciar que, impresionantes, en los Lençois no vimos más que lo que sería ver una escultura de una Paloma de la Sagrada Familia en un viaje a Barcelona. Pero es que no cuento más solo por el hecho de que no merece ser contado, merece ser visto y vivido.

Muy duro visitar Caburé y el Delta del Parnaiba en solo un día. Quizás ha sido uno de los días más largos que recuerdo en unh viaje. La experiencia lo merece, aunque me falta algo más de fauna local para que me atraiga tanto como otros lugares que conozco.

Este viaje como ya comenté, era de trabajo, pero no creo que importe demasiado los hoteles que visité o en los que me alojé. Con este escrito quería compartir con todos lo que un viaje me hizo vivir. Si aun así te interesan mis consejos sobre hoteles y zonas donde alojarse, no dudes en pedírmelos!

No sé ni como dar las gracias a quien hizo posible este viaje. Ya lo he hecho, pero tengo la sensación de que no es suficiente. Este rincón de Brasil me dió demasiado en apenas 5 días.

1 comentario:

Rafael Martínez dijo...

Pere, me pediste que leyera esta entrada y lo he hecho.

La verdad, contado así dan ganas de registrar esos lugares dentro de la lista de visitas obligadas al menos una vez en la vida. Lo has contado con las palabras justas y engancha. Muchas gracias por compartirlo.

Un abrazo,